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EA sí está con Tiger Woods

Y es que en la vida hay que separar la paja del trigo, como ha hecho Electronic Arts con Tiger Woods. La firma de videojuegos ha reafirmado su apuesta por el deportista lanzando la beta de la nueva edición de su juego “Tiger Woods PGA Tour Online” y anunciando para finales de este mes el lanzamiento deTiger Woods PGA Tour 11.

En palabras de Peter Moore (CEO de EA Sports)

“Regardless of what’s going on in his personal life, when you talk tennis, you talk Roger Federer and if you talk cycling, you talk Lance Armstrong, and when you talk golf, boy, you’d better be talking Tiger Woods,”

La beta del juego online de Tiger Woods que acaba de ver la luz es una de las apuestas más decididas de EA por las plataformas online. En un principio será gratuita para ir evolucionando hacia versiones “premium” con características de pago.

Más allá de lo interesante de la incursión de EA en plataformas web online me parece reseñable la coherencia con la “celebrity” elegida para representar una línea de producto (casi de negocio en este caso). Ya expresé mi opinión cuando este asunto vio la luz y hoy me congratulo de que una compañía haya mantenido la coherencia de mensajes. Yo ya hace algún tiempo que llevo barba, pero creo que si me la quitara no usaría Gillette para afeitarme por las mañana porque si algún día me va mal…. ellos no estarán allí.

Tiger ya no se afeita?

A alguno le podrá sorprender el tema de este post por no ajustarse a la temática “orginal” de este “block”, pero en ese caso debo  recomendar seguir leyendo para cerciorarse de que no es así.

Es más, para algunos podrá ser hasta una aberración hablar de estos temas amarillos y no haberlo hecho aún de la movida impulsada desde el Ministerio de Cultura a raíz de una disposición adicional a una ley de economía sostenible colada de rondón en el último minuto que es más propia del medievo (en forma y fondo) que de una democracia madura. Para quien así piense he de decir que sobre este tema prefiero escribir en frío al margen de mareas que impidan conocer qué hay realmente en el fondo.

Pero volvamos al caso que nos ocupa. Y es que desde el conocido episodio protagonizado por el golfista Tiger Woods y su mujer (en mi criterio más por la segunda que por el primero) este ya no aparece en ningún anuncio en televisión. Así es; sus patrocinadores han retirado todas las campañas en las que aparecía su imagen. Una consultora, una marca de utensilios de higiene masculina, una célebre marca deportiva… ¿Y por qué?

Pues porque al parecer el comportamiento del golfista desvelado ahora contradice los valores que las marcas que le apadrinaban abanderan…. Pero, ¿acaso el deportista había sido elegido por sus conocidas obras benéficas, labores humanitarias o su compromiso con los más desfavorecidos?

No. Pero las campañas de publicidad que empleaban al deportista como imagen ponían su énfasis en el concepto de “rol model” o modelo de comportamiento a seguir. Él no sólo era un gran golfista, era una referencia según sus sponsors.

Y es aquí donde me cuestiono el rol de los medios. Y no sólo de los conocidos como sensacionalistas, sino de todos en general, ya que todos han hecho un tratamiento similar de la noticia.

¿Las infidelidades de este deportista son motivo de noticia? Supongamos que sí (que me cuesta entenderlo…). Si este fuera el caso, ¿por qué el impacto no fue el mismo para, por ejemplo, Pablo Picasso (que mantenía dos mujeres) o para Einstein (que se subía a  sus amantes al piso de arriba mientras su mujer esperaba en el de abajo)? Tal vez porque entonces no había una prensa distraída con un modelo de negocio en redefinición que necesitaba abastecerse de ciertas noticias para garantizarse su audiencia.

Tiger Woods es una figura del deporte: 14 grandes y número 1 indiscutible en los últimos tiempos (ni estando 8 meses de baja por una operación de rodilla pudieron arrebatarle este puesto) y por eso ocupaba portadas en los medios antes de esta noticia, no por su comportamiento ejemplar dentro de casa.

Quiero pensar que estas cosas sólo pasan en un país donde un presidente tiene un affair con una becaria y todo gira sobre si mintió o no y uno de sus deportistas (que no es cargo público) de élite admite un hecho personal y sigue siendo objeto de mofas y burlas en programas de televisión mientras sus patrocinadores ahora le dan la espalda.

Injusto.